Tributo a la ópera

ADELAIDA NEGRI: “LA OPERA ES MI VIDA”
por Liliana Devesa*
manosalaopera@gmail.com

Contenta por haber sido elegida por Bancarios del Provincia para hablar sobre la ópera y sus 4 siglos de vigencia, esta soprano de trayectoria internacional nos recibe en la Casa de la Opera de Buenos Aires, fundada por ella en 1997, en el edificio que fuera el viejo domicilio paterno.

La ópera cumplió 400 años, a contar desde el estreno de L’Orfeo, de Monteverdi, el 24 de febrero de 1607. El tiempo parece jugar a favor de este arte que, tanto en Buenos Aires como en el resto del mundo, cuenta con un público siempre renovado, fiel y apasionado por la mística de un arte mezcla de varias disciplinas de las cuales la interpretación vocal es la más importante.

Imaginemos, si no, a sus autores, escenografías, puestas en escena –algunas dignas del séptimo arte-, coros, orquesta y directores, sin esas voces casi sobrenaturales capaces de encender las más variadas emociones. Es cierto que cada uno de ellos hace uso de recursos técnicos, pero aún así, la mística que se despliega desde que el intérprete aspira aire y al devolverlo puede provocar una lágrima en algún espectador, sigue siendo un misterio con 400 años de vigencia.

El gran milagro de la voz humana

 

“Nosotros no estamos transmitiendo solamente la voz, estamos transmitiendo un texto emocional. Como en el teatro, pero con música”, reflexiona Adelaida, “la emoción es doble, por un lado el texto, por otro la voz. Incluso los errores que puede cometer un cantante, por ejemplo: una nota mal emitida, puede causar una sensación de agrado o desagrado pero es un golpe emocional que da la voz humana”.

La historia nos dice que siempre ha sido así con los cantantes. En el siglo XVIII los castrati pasearon por Europa la magia de sus voces afeminadas logradas sobre la base de artilugios quirúrgicos. El film Farinelli, de Gerard Corbiau, recrea al detalle la vida de uno de los más renombrados.

Transcurriendo el siglo XIX, aparecen tres compositores Bellini, Rossini y Donizetti que destacan en sus obras el valor de la voz por sobre el acompañamiento musical e instalan el comienzo del bel canto. “Esta expresión hace alusión a la habilidad de los cantantes para expresar todo lo que se puede hacer con la voz humana, desde las notas más agudas hasta las más graves, las coloraturas, las fiorituras, los adornos, las notas seguidas, que son las más difíciles de mantener, la melodía y el ligado de las notas, las melodías amplias, los espacios de aire. Todos esos detalles hacen a la enorme habilidad que adquirieron los cantantes en el período del bel canto. Por eso los autores escribían para determinado cantante, es decir según sus características vocales. Ahora nosotros tenemos que reasumirlos”, cuenta Adelaida.

Ella sabe por experiencia propia cómo es ponerse en la piel de Norma,  de Bellini, o Lucia de Lammermoor, de Donizetti, obras que protagonizó reiteradas veces en Buenos Aires y el exterior. Con Lucía  de Lammermoor debutó en Austria, allá por el año 1977 y a partir de ese exitoso debut, interpretando esa misma obra pasó a Francia e Italia. El día de su debut en el Metropolitan Ópera House de New York,  junto a Plácido Domingo hizo Norma. Ambos protagónicos son reconocidos por ella como los que la hicieron sentir más realizada como cantante.

El siglo XIX estuvo coronado por otros autores que dieron un nuevo golpe de timón sobre la ópera. Con Verdi el eje romántico del bel canto  se transforma, para dejar paso a papeles de hondo dramatismo. Rigoletto es prueba de ello, también La Traviata (La extraviada)

 

 

 

La identificación con el personaje: clave de la nueva ópera

El siglo XX se destacó por la aparición de cantantes que han hecho historia. El nombre de Enrico Caruso era sinónimo de ópera. Su anatomía corpulenta y su baja estatura no le impidieron desplegar su divismo exportado a otros países a través de un nuevo soporte de esa época: los discos de pasta.

Recién en la segunda mitad del siglo comienza a registrarse un cambio en la interpretación que tiene que ver con distintos factores. “Antes el cantante era todo vocal –nos explica Adelaida Negri, y continúa- a lo mejor estaba muy bien vestido, pero no se movía. Después, el teatro se acercó más al cine y hubo que ser un poquito más creíbles. Todo fue evolucionando. Al principio, los cantantes llevaban su vestuario y se ponían de acuerdo sobre temas como por donde entrar, donde salir y qué hacer. Después apareció el reggiseur que ordena la escena, los vestuaristas, los escenógrafos. También adquirieron auge los directores de orquesta, más estrictos con los tiempos. Esto significaba menos libertades para los cantantes, que antes hacían lo que les convenía vocalmente, en cambio ahora hay más acercamiento a lo que escribió el autor”.

En ese marco de evolución de la ópera surge una figura femenina que marcará un antes y un después en la interpretación: María Callas.

“Ella tuvo la suerte de contar con grandes directores que la apoyaron en su desarrollo vocal y con artistas de cine y de teatro que la ayudaron a ser una actriz cantante. Hoy se sigue esa línea, los cantantes buscamos la identificación con el personaje”, comenta Adelaida, quien prosigue detallando con maestría los detalles del proceso que hacen suyo todos los cantantes, “se profundiza en el personaje, a veces agregando la lectura del libro en el cual se basa el libreto operístico, también se indaga sobre las características del autor de la música y sobre esa base se coloca la personalidad y vocalidad propia de cada cantante”

Hay cuatro intérpretes que destacan en esa época, ellos son: María Callas, Renata Tebaldi, Giuseppe di Stéfano y Mario del Mónaco, sin embargo, aunque la voz de Tebaldi era más apreciada que la de Callas, fue esta última quién sobresalió por su fuerza interpretativa. “De esa época me gustaba mucho y me sigue emocionando muchísimo la voz de Claudia Muzio”, señala Adelaida, “tiene algo emotivo que me fascina. Ambas, Maria Callas y Claudia Muzio son mis grandes referentes, pero también me gusta Leyla Gencer por la delicadeza de los pianísimos. Después apareció Montserrat Caballé, que también estaba en esa línea ”

De ídolos y públicos

Más tarde surgieron otros nombres de éxito rotundo, como Plácido Domingo, Luciano Pavarotti,  José Carreras y Alfredo Kraus. Adelaida Negri ha cantado con los tres primeros y nos habla de cada uno de ellos según su experiencia: “ De Plácido Domingo hay que destacar su gran inteligencia, su enorme voluntad de trabajo y capacidad de estudio. En cuanto a Pavarotti, puedo decir que es muy simpático, muy agradable para el público hacia quienes pone de manifiesto su gran carisma, transmite la imagen del muchacho bueno a pesar de su edad. Respecto a José Carreras, me sentí muy cómoda con él, quién es un colega muy a la mano, como un hermano, mientras que a Plácido lo veo más como un padre”

Si bien la medida del éxito o el fracaso en la carrera de un cantante la da el público, los códigos de los públicos que asisten a la ópera varían según las ciudades y, el éxito en un lugar no asegura la misma suerte en otro teatro, aunque las cosas se hagan dentro de lo establecido. Basta señalar que algunos públicos tienen nombre propio, como es el caso de “Los leones”, de Parma, Italia. Allí existe un libro que recomienda cómo poner nerviosos a los cantantes.  Muchos han terminado su carrera por eso.
 
“Todos los públicos son exigentes -afirma Adelaida-, algunos  más tranquilos y respetuosos, si no les gusta algo no aplauden, lo cual también es duro. Hay otros que son más comunicativos y los hacen a través del aplauso. El público alemán, aunque uno no lo quiera creer, es así, el norteamericano también. El italiano es más exigente, más renuente a dar aplauso fácil, sobre todo el de la mitad norte de Italia, son públicos más exquisitos, conocen la ópera palabra por palabra. A mi me tocó cantar en Parma en dos oportunidades. En La Vestale, de Spontini, como es una ópera muy poco conocida, el público reaccionó bien, en cambio después canté Norma y todos estaban en guardia y se la tomaron con el tenor. Aclaro que, para mí el tenor estaba haciendo un buen trabajo, era Amedeo Zambon, tenía el rol de Polione. Sin embargo, empezaron a no aplaudirlo y, cuando llegó el último acto donde él se arrodilla y dice “no la mates, a Adalgisa, mejor toma mi vida y ten piedad de ella”, allí Norma le contesta “ahora ruegas, desdichado” y, antes de que yo le contestara “es tarde”, un hombre entre el público gritó “mátalo”, luego entré yo diciendo “es tarde” y se rió todo el teatro. Eso es una crueldad”.

 

Dos carreras, una pasión

Adelaida Negri nació en Buenos Aires y descubrió su voz de soprano en la adolescencia. A los 16 años sabía tocar muy bien el piano de manera que se acompañaba con ese instrumento para cantar. A pesar de este talento su padre, que fue siempre su consejero, le pidió que no dejara los estudios. Y ella cumplió, se recibió de abogada y paralelamente, egresó del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón con medalla de oro.
 “Mis estudios universitarios me han servido como una base muy importante, no le aconsejo a nadie que deje sus estudios para dedicarse a la ópera, porque hoy en día es muy necesaria una formación cultural, para poder comprender los textos, la historia de los personajes”, nos cuenta.

En la práctica le entregó a su padre el título de abogada y partió a dedicarse a su verdadera  pasión, el arte lírico, perfeccionando sus estudios de canto y arte escénico en el London Opera Centre de Londres, becada por el British Council. Debutó en el Teatro Colón de Buenos Aires en 1974 haciendo La viuda alegre.

“Me fui de Buenos Aires en el año 1977 y estuve 5 años sin volver, actuando primero por Europa en los más importantes centros artísticos de Austria, Italia, España, Francia, Alemania, Suiza y Hungría. Mi familia me visitaba en Europa. Cuando volví, después de 5 años, lo hice como una artista consagrada, como si no fuera local sino una artista invitada. Desde ese momento mi carrera se convirtió en paralela entre Europa y Argentina, ya que venía una vez por año a cantar una ópera a Buenos Aires, mientras tanto seguía mi carrera en Europa y  hacía presentaciones en los Estados Unidos”, recuerda.

La mejor escuela es el escenario

Luego de una larga y exitosa carrera internacional, en 1997, Adelaida Negri abre las puertas de la casa paterna y funda La Casa de la Ópera de Buenos Aires, para dar un espacio donde los jóvenes puedan demostrar lo que han aprendido con sus respectivos maestros, y acercarlos al gran repertorio, ya que tienen la oportunidad de interpretar arias seleccionadas de óperas importantes, ante un auditorio de 80 personas, como primer paso.

A esta actividad se suma la posibilidad de cantar en alguna función de las pautadas en el Teatro Avenida. En esas ocasiones, Adelaida Negri encabeza la compañía, rodeada de algunos intérpretes conocidos por el público y jóvenes que por primera vez cantan un rol importante, sobre un escenario, con orquesta y coro.

“En este momento hay mucha actividad operística, así que yo voy a escucharlos e invito a quienes me parecen dignos de una oportunidad, por sus condiciones vocales. Algunas veces vienen ellos. La característica especial de La Casa de la Ópera es que aquí le damos oportunidad a gente que nunca ha cantado en público. Es decir que hay un cierto riesgo de parte nuestra.  Luego en los ensayos se sabe quién va a dar y quién no. Pero aún así, el riesgo se mantiene, hablamos del pánico escénico o cualquier otra contingencia. Estar preparado significa sobrellevar el enorme stress que provoca estar sobre el escenario cantando, acordarse de la letra, cuidar la voz, el cuerpo, con un director de orquesta que tiene 50 personas que manejar, un director de coro, un director de escena, tal vez transpirar la peluca, estar con un traje incómodo o zapatos que aprietan ” resalta Adelaida.

Aunque se apresura a aclarar que estas oportunidades no se consideran becas sino un inicio profesional, también asegura que llegar es cuestión de voluntad más que de ambición.  La Gioconda, ópera que subió a cartel en el teatro Avenida en octubre del 2006 es una prueba de ello. En ese momento debutaron varios de los intérpretes del elenco al lado de profesionales, de esa forma se brinda un espectáculo alejado de una estudiantina y quienes debutan pueden agregar en su currículum el haber cantado con una artista consagrada de renombre internacional, en una ópera de gran envergadura.

Este año, suben a cartel en el Teatro Avenida, de Av. de Mayo al 1200, las óperas Adriana Lecouvreur, de Francesco Ciléa  y Fidelio, de Ludwig van Beethoven.

Serán oportunidades inmejorables para vibrar, emocionarnos y comprobar una vez más, que la magia de la ópera sigue intacta después de 400 años.

 

*la autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación