Gioacchino Rossini
Versión Italiana, Lucca 1831- Sobretitulados en Castellano
Dijo la Critica

" ÉXITO DE ADELAIDA NEGRI Y SU COMPAÑÍA ...

Buenos Aires, 8 de octubre (Télam, por Carlos Vera).- Drama lírico en cuatro actos y cumbre del ‘belcanto’, la ópera Guglielmo Tell, de Gioacchino Rossini (1792 -1868), subió anoche, a escena con rotundo éxito, en el Teatro Avenida, con el protagonismo de la soprano Adelaida Negri, el barítono Leonardo López Linares y un gran elenco, coro y orquesta bajo la dirección musical del maestro Giorgio Paganini.

Primera de cuatro funciones de la asociación Casa de la Opera, el melodrama trágico que exalta un tramo de la heroica gesta patriótica suiza contra el poder tiránico, lleva textos de Etiennne De Jouy e Hippollyte Florence Bis

-con traducción al italiano-, y según la tragedia original del escritor alemán Johann Christian Friedrich Schiller (1759- -1805).

Cantante de resonantes éxitos internacionales en incontables protagónicos de Rossini, Bellini y Donizetti además de Verdi, Puccini y autores argentinos como Zorzi –estreno mundial de Antígona Vélez-, y en una inolvidable versión de Proserpina y el extranjero, de Juan José Castro en el Colón; la soprano Adelaida Negri brilló anoche, en el rol de “Matilde”, del drama ‘schilleriano’ con fanstástico pentagrama del llamado “Cisne de Pesaro”.

Con impactante presencia escénica y buen “physique du rol”, la cantante hizo del papel de la heroína rossiniana, una pieza admirable en múltiples sentidos tanto en su desempeño vocal como actoral en otra de sus noches estelares.

En tesitura de soprano dramática de coloratura neta y plenamente identificada con el repertorio lírico romántico y ‘belcantista’, la actriz vocalista conmovió nuevamente, con bellas y limpias coloraturas, el impacto de por lo menos tres sobreagudos –con la mayor naturalidad-, fascinante registro grave, y siempre su secreto de musicalidad al servicio de la composición.

En una ardua obra en la que nadie se salva de algún tramo de importancia y responsabilidad tanto vocal como actoralmente, el excelente barítono Leonardo López Linares, interpretó el protagónico de Guillermo Tell, con canto noble y lleno de espiritualidad, musicalidad y emisión sin esfuerzo evitando la tendencia tan común de recargar el volumen: fue otro de los ovacionados de la noche de estreno.

En un mismo plano satisfactorio y con la convicción de una magnífica performance, el tenor ‘colonista’ Eduardo Ayas, asumió el ‘heroico” rol de “Arnoldo”, y, aunque sacrificando parte de su registro grave, brilló con sus impresionantes agudos, dicción clarísima –quizá la mejor de la noche-, y un desempeño dramático inobjetable, pleno de calidad: un lujo de esta compañía lírica.

En un mismo plano de excelencia, brillaron la soprano Silvia Gatti (en el papel de Jemmy, hijo de Tell), la contralto Alicia Alduncin (como Edwige), el tenor Carlos Natale (un Pescador), y el bajo Claudio Rotella (el siniestro Gessler), junto a Alejandro Schijman, Juan Pablo Labourdette y Gustavo Torella.

El maestro Juan Casasbellas hizo de las intervenciones del Coro de la Casa de la Opera, una pieza de alto impacto dramático y musicalidad para asegurar el éxito de esta producción de la maravillosa obra de Rossini en la que el “Cisne de Pesaro” asignó a las masas corales una importancia superlativa y difícil.

La régie del ‘colonista’ Eduardo Casullo se gana nuevamente los elogios sin la menor duda pues con fuerte y meritoria economía de medios y con sus tradicionales proyecciones sobre la gigantesca pantalla a foro, movió a sus dirigidos con precisión y sin confusiones en el desplazamiento y ubicación de los casi 40 artistas en escena: puntal para este éxito.

Para completar esta imperdible producción y en un nuevo pico de la trayectoria de esta compañía, el maestro Giorgio Paganini, se puso al frente de una orquesta sin mácula en todos sus sectores, concertando voces en escena y los atriles del foso, y generando una versión

musicalmente profunda y nada esquemática de la fascinante obra dramática de Rossini.

Mañana domingo 9 y el viernes 14 y domingo 16, “Guglielmo Tell” volverá a escena en el Avenida, en lo que podría ser, con legítimos títulos, una de las mejores producciones de esta temporada lírica porteña: vale decir y como es común señalar, un imperdible para melómanos y para todo público. (Télam).-"

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Diario La Nacion on Line
Guillermo Tell, un héroe de la libertad


"Guglielmo Tell." Melodrama trágico en cuatro actos, con música de Gioacchino Rossini. Con el coro de la Casa de la Opera (dirección: Juan Casasbellas) y orquesta dirigida por el maestro Giorgio Paganini. Puesta en escena: Eduardo Casullo; escenografía: Daniel Menossi y otros; coreografía: Luciana Prato; vestuario: Mariela Daga; iluminación: Damián Giraldes. Cantantes: Leonardo López Linares, Eduardo Ayas, Adelaida Negri, Alejandro Schijman, Víctor Castells, Silvia Gatti, Alicia Alduncin, Carlos Natale, Juan Pablo Labourdette, Claudio Rotella y Gustavo Torella. En el Teatro Avenida.
Nuestra opinión: muy bueno

Al acometer de manera digna esta obra maestra de Rossini, el elenco de la Casa de la Opera de Buenos Aires encabezado por Adelaida Negri ha obtenido un logro que merecerá, sin duda, ser considerado entre los mejores de la actual temporada musical. El idealismo de la libertad que subyace en la inmortal obra de Schiller, recorriendo un libreto que enfoca de manera amplia la gesta nacional de los suizos, ya sea en el espacio público teñido de fuerte color local, así como también en el mundo personal y subjetivo de sus personajes centrales requiere un manejo certero, coherente y unitario de la idea directriz, objetivo que se logró. Sentimientos profundos se disputan el corazón de los personajes.

Con realismo y sin descuidar la proyección futura del arte lírico local en los elementos más jóvenes, se ha ofrecido una versión cuyo anclaje se halla en las voces seleccionadas y en las exigencias de la partitura de Rossini confiada a una agrupación de músicos profesionales de quienes el maestro Giorgio Paganini extrajo lo mejor y logró una excelente versión. Eduardo Casullo escogió una puesta en escena realista, alejándose de encuadres ajenos a la índole de la gran ópera seria con tema histórico; todo esto se apoya en un fervor auténtico que ningún miembro del elenco desmiente con su actuación.

"Guglielmo Tell", obra culminante en la producción de Rossini, amalgama su dramaturgia con el estilo de una partitura fecunda por sus exigencias emocionales y expresivas; requiere de temperamentos sin desbordes líricos, cuyas voces expresen con inteligencia el drama, pero también de sentido coral y descriptivo, donde no es menor el aspecto escenográfico del paisaje alpino, las danzas y trajes típicos. Las cambiantes circunstancias situacionales fueron solucionadas apelando a proyecciones. En medio de esta diversidad, la voz y el gesto del protagonista deben constituir un poderoso factor focalizador de la gesta de un pueblo oprimido; el haber confiado ese papel a una de las voces más valiosas de la escena lírica local como la de Leonardo López Linares constituyó un acierto total. Su aplomada presencia escénica, su registro de barítono siempre parejo en el rendimiento, contribuyeron a la lograda composición actoral del líder de un movimiento liberador. Su Guillermo Tell galvanizó la fe de su pueblo, haciendo fácilmente verosímil y empática su vocación por la libertad. La gesta y el mito se fusionaron con dramatismo en la escena del tiro de ballesta a la manzana puesta sobre la cabeza de su hijo.

La hora de las voces

Adelaida Negri acaparó la atención general con su aria "Bosque sombrío" en el segundo acto, con gran dominio de la escena y sumamente expresiva en su línea melódica, donde exhibió gran dominio de sus dotes vocales empleando con inteligencia sus medios expresivos; en el subsiguiente dúo con Arnoldo (Eduardo Ayas) mantuvo ese perfil con perfecto abordaje de notas sobreagudas. Los sentimientos encontrados que agitan el corazón de su personaje fueron traducidos de manera convincente, mejor quizás en la expresión de sentimientos heroicos que en los sentimentales. Tuvo momentos culminantes, con una extensa aria lírica, seguida de una de carácter marcial que culminó con un vibrante do agudo. Fueron muy buenas las intervenciones de los bajos Víctor Castells (Melchthal), y Claudio Rotella, en su composición del perverso Gessler, al que dio tonos y acentos expresivos convincentes; el desempeño de la contralto Alicia Alduncin creció notablemente en el último acto. Juan Pablo Labourdette dio realismo a su Leutold. El resto cumplió con corrección. El coro de la entidad tuvo presencia y voces efectivas en las diferentes instancias del melodrama épico y otro tanto merece decirse del afiatado cuerpo de baile.

Héctor Coda

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